Puiggari apuesta a conseguir la santidad de tres laicos de Entre Ríos

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No fue una fecha azarosa: la Iglesia de Paraná decidió anunciar el lunes 8, durante la celebración de la misa de acción de gracias por los 25 años de ordenación episcopal del arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, que la diócesis tiene a tres “siervos de Dios” en camino a convertirse en beatos, eventualmente santos y, en ese caso, subir a los altares.

Ese día, un fiel escudero del oficialismo de la curia, el canciller Hernán Quijano, leyó una comunicación procedente del Dicasterio de las Causas de los Santos, en Roma, que anunciaba el inicio del complejo proceso de beatificación y canonización de los siervos de Dios Carlos Rodolfo Yaryez, fiel laico, Víctor Manuel Schiavoni, alumno del Seminario, y María Cruz López, fiel laica.

La comunicación del Dicasterio para las Causas de los Santos, fechada el 28 de marzo de 2023, indica que “no existen obstáculos para dar curso a la causa de beatificación y canonización de los mencionados siervos de Dios, y que se procederá según las normas establecidas para las investigaciones diocesanas de las causas de los santos”.

Este jueves 11, el Arzobispado de Paraná alertó que el proceso de beatificación de esos tres laicos será “una labor eclesial que requiere prudencia y cuidado”.

Los tres laicos que están en un proceso de beatificación son actualmente “siervos de Dios”.

 

Carlos Rodolfo Yaryez, Víctor Manuel Schiavoni y María Cruz López, los tres siervos de Dios que Puiggari quiere canonizar.

Un siervo de Dios es una persona cuya vida ha sido considerada por la Iglesia Católica como ejemplar y digna de ser imitada por los fieles. Esta persona ha vivido una vida cristiana en la que se destacan las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), y ha demostrado un grado heroico de entrega a Dios y a los demás. La Iglesia inicia un proceso para su beatificación y canonización con el fin de declararlos oficialmente como santos de la Iglesia, indicaron desde la curia.

El Nihil obstat es el reconocimiento formal de que no hay obstáculos para iniciar un proceso de reconocimiento de la fama de santidad de una persona. No se reconocen aún virtudes, solo se afirma que no hay impedimentos para comenzar.

“El proceso consiste en una instrucción por la que se recogen las pruebas demostrativas de la fama de santidad de estos jóvenes. Es una etapa diocesana, punto de partida de todo un proceso en el cual se trata de comprobar que los fieles reconocen que las vidas de estos tres jóvenes han sido de una pureza e integridad tal que visibilizan las virtudes en un grado heroico o, como introdujo el papa Francisco en un reciente Motu Proprio, han ofrecido sus vidas movidos por la caridad”, señaló el Arzobispado.

En el proceso, se debe demostrarse la “fama de santidad”: éste es el punto clave para el buen término del proceso, con la advertencia de que la misma es espontánea y también extendida, mantenida establemente o de manera constante en el tiempo. Esto tiene que ser dicho o testimoniado por una porción significativa del Pueblo de Dios que peregrina en Paraná.

“Como vamos a ver rápidamente en lo que decimos ahora, el camino diocesano que se iniciará de modo formal requiere de varios intervinientes. El Obispo, ante todo, que decreta el inicio del proceso con la aceptación de los principales responsables. Luego, un “actor” que impulsa la causa y el postulador de cada una de ellas. Así como el actor “impulsa”, el postulador “investiga” sobre la vida del siervo de Dios en todo aquello que es útil para probar su fama santidad y de todos los favores y gracias que pudiera haber concedido de Dios. Se busca la verdad de la vida de cada uno en relación con su aducida fama de santidad”, ampliaron.

 

Intervinientes en el proceso

 

Luego, detallaron: el Obispo puede acompañar personalmente cada causa o designar para ello un delegado. Es necesaria la presencia de un promotor de justicia, que acompaña la rectitud del proceso desde el punto de vista canónico, un notario con su función específica y, eventualmente si hubiera denuncia de supuestos milagros de curación, un perito médico. Luego, se designan dos censores teólogos para examinar los escritos y tres peritos en historia y archivística que redacten de modo circunstanciado la vida de los siervos de Dios.

“Es importante recordar que este proceso de beatificación es un desafío que requiere de nuestra oración y estudio detenido de cada una de las causas. Es una labor eclesial que debe llevarse con prudencia y cuidado para no tributar culto público eclesiástico al siervo de Dios ni obstaculizar la espontaneidad en la invocada fama de santidad”, dijo la Iglesia.

Y agregó: “Es necesario seguir las indicaciones de quienes lleven adelante las causas, rezar por ellos y por nosotros, y confiar en que Dios, a su tiempo, se manifiesta. La difusión espontánea de su fama de santidad y de los favores o gracias que se les atribuyan, así como la prudente devoción privada, pueden ser una forma de reconocer y honrar la vida y obra de estos siervos de Dios”.

 

 

Foto: Arzobispado de Paraná