¿El mundo volverá a ser igual después de la cuarentena? COLUMNA DE OPINIÓN

  • Redaccion
  • 16 mayo, 2020
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La llegada del coronavirus a nuestro país ha sacudido el tablero político en todo el territorio. Gobernados por un presidente que, desde el día cero del arribo de la pandemia, decidió priorizar la salud de los argentinxs dejando en claro que la renegociación de la deuda y el equilibrio del déficit fiscal pasarían a un segundo plano.

En tiempos un tanto difíciles, el mandatario refuerza su influencia política. La prolongación del aislamiento social hasta el 24 de mayo (medida anunciada el pasado 10 del corriente), tiene una vez más el objetivo de ayudar a frenar la propagación de nuevos casos confirmados de COVID-19. Las decisiones tomadas son vistas de manera positiva dentro de la población, lo cual coloca al presidente en una posición ventajosa a futuro a pesar de la situación económicamente crítica que vive el país.

El Poder Ejecutivo está obteniendo un haber en la opinión ciudadana, el cual podría hacerse valer en una hipotética recesión económica y que yace en la confianza en las capacidades presidenciales ganada durante este momento excepcional.  Es decir, la imagen del presidente, tanto la de Alberto Fernández y sus capacidades de mandatario hábil como también del cargo impersonal (importante en relación con el daño que esa institución ha sufrido en la última década) saldrían fortalecidos para enfrentar los diversos desafíos que aparentan avecinarse. El cargo presidencial en los últimos dos meses recobró el brillo que se había desvanecido durante los mandatos anteriores, donde su estatus extraordinario se había debilitado en el debate público.

La pandemia nos ha sorprendido a todos, pero el accionar del gobierno frente a dicha situación fue concreto y eficaz. Esto derivó en que el rol del Estado como protector de los derechos y garantías de la ciudadanía se vea fortalecido.

La emergencia forzó mundialmente el accionar de los estados, en tal medida que aquellas economías nacionales configuradas hacia los mercados globales ahora ahondan intervenciones estatales sin precedentes, como en el caso de Estado Unidos  que distribuye dinero en efectivo. El equipo de Donald Trump promulgó una Ley en Defensa de la Producción para que el gobierno pudiera intervenir en el sector privado asegurando la provisión de insumos y bienes para el buen funcionamiento de la economía. Hasta los más feroces defensores de la supremacía total del mercado de repente ven con buenos ojos que las estructuras estatales se hagan cargo de los daños económicos causados por la crisis mundial.

En ese contexto, no cabe dudas que el gobierno argentino llevó a cabo una maniobra estratégica al suspender las clases y declarar el aislamiento preventivo social y obligatorio para ralentizar los contagios. Estas medidas gubernamentales demuestran el rol central que juegan los Estados.

El país ya pasó por la fase uno (el aislamiento estricto), la dos (el aislamiento administrativo) y la tres (la segmentación geográfica). En esta última fase, las provincias establecieron ciertas excepciones a autorizar. Hasta un 50% de la población comenzó a movilizarse. Sin embargo, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) se encuentra aún aquí debido a que representa el foco principal de contagios del país. El resto de las provincias transitan la fase cuatro, que significa una re-apertura progresiva, una gran parte de las actividades y comercios han vuelto a trabajar y las medidas de circulación son más flexibles. Hasta un 75% de la población comienza a movilizarse y ya las restricciones son más locales.

Si bien las medidas tomadas resultan razonables y han servido para aplanar la curva de contagios, lejos estamos de concluir esta histórica situación excepcional. Argentina debe crear nuevas reglas de juego para afrontar la crisis. La sociedad argentina no está preparada para resistir el impacto de esta pandemia, por lo que el rol del Estado será fundamental para apaciguarla.

 

Cuando la voluntad divina falla en contra

La implementación exitosa de las medidas tomadas por el gobierno nacional se acentúan en comparación con los países vecinos que optaron por aproximaciones diferentes. Un caso extremo representa Brasil, donde –parecido a su espejo estadounidense– el presidente Jair Bolsonaro optó por minimizar el peligro de la pandemia desde un principio, tanto en su discurso como en su accionar, inclinándose totalmente por el “bienestar” económico a costo de la contención de la propagación del Virus.

Aquí yace la gran diferencia entre los enfoques gubernamentales de los dos países vecinos. Mientras que el gobierno argentino, desde el inicio de la pandemia, decidió la priorización de la salud por sobre otros factores, el populismo de derecha que ejerce el poder en Brasil con una mezcla de obstinación, cálculo cínico, falso optimismo y una serie de factores irracionales, optó por minimizar las restricciones necesarias para la prevención y luego la contención del virus. En el país más poblado del cono sur, en ningún momento se respetaron las pautas de la OMS, lo cual llevó a Brasil tener casi 169 000 contagios y 12 000 muertes a causa de COVID-19 (fuente: OMS), un fuerte indicio de la falla de la protectora “voluntad divina” y la supuesta fortaleza singular que el presidente y sus secuaces le habían adjudicado a la nación. En cierto momento incluso se especuló con la infección del mismísimo Bolsonaro, algo que luego fue desmentido por la presidencia, pero de cierta forma ejemplifica el desborde total que padece el Brasil.

Consecuencia de la posición minimalista en cuanto a restricciones del gobierno federal, el cual incluso impuso la reapertura de los centros comerciales, representa la resistencia abierta de diferentes gobiernos regionales y locales (entre ellos resalta el gobernador de São Paulo), los cuales insisten en hacer valer medidas más estrictas. También hubo injerencia del Poder Judicial, el cual exigió medidas más concretas. La alianza formada en protesta a las no-medidas de la presidencia incluye también al ministro de salud, Nelson Teich, quien recientemente se enteró de la reapertura de gimnasios, salones de belleza y peluquerías durante una conferencia de prensa, como también amplios sectores del Poder Legislativo. Todo eso indica una erosión del poder de Bolsonaro, quien perdió gran parte de su apoyo político, es considerado no apto para ejercer la presidencia por una cantidad cada vez más amplia de legisladores e incluso podría ser apartado de su cargo de manera temporal.

Los gestos de hombre fuerte, los cuales coincidieron con aquellos de Donald Trump, podrían jugarle una mala pasada al presidente de Brasil. La estrategia de optar por la economía nacional relegando la salud pública a una posición marginal, al igual que en los Estados Unidos, podrían incluso costarle el cargo o la reelección.

Como se puede deducir, el enfoque racional del gobierno de Alberto Fernández y la priorización de la salud por encima de los factores económicos, hasta aquí fue marcadamente más exitoso en la contención de la propagación del COVID-19. Esto incluso podría significar una ventaja durante el duro momento económico que se avecinará según diferentes expertos. Por un lado, porque la fuerza de trabajo no fue diezmada en números semejantes como en otros países por el virus, a la vez que hasta el momento los recursos estatales invertidos fueron dedicados a la prevención y no implican sumas semejantes a aquellas necesarias para el tratamiento de un brote masivo, tal como lo demostraron España e Italia.  Por otro lado, porque ya se establecieron estructuras y mecanismos gubernamentales y sociales, los cuales permitirían un pronto retorno a un estado excepcional parecido al actual, del cual se está partiendo de forma paulatina. Eso implicaría la prevención de situaciones caóticas que mermarían las estructuras económicas de forma más profunda durante una hipotética segunda ola del virus, que podría desarrollarse durante los meses de invierno.

 

Como se puede deducir, el enfoque racional del gobierno de Alberto Fernández y la priorización de la salud por encima de los factores económicos, hasta aquí fue marcadamente más exitoso en la contención de la propagación del COVID-19. Esto incluso podría significar una ventaja durante el duro momento económico que se avecinará según diferentes expertos

 

La situación actual está demostrando que la sociedad argentina está predispuesta a cumplir las decisiones gubernamentales para enfrentar la pandemia bajo las condiciones particulares del país y con la firmeza del gobierno federal (recordemos que hemos sido forzados a quedarnos en nuestras casas, luego de que un desfile de autos se moviera hacia la costa atlántica y miles de ciudadanos abordaron vuelos hacia el exterior, aprovechando lo que era considerado vacaciones). Por lo tanto, las medidas tomadas hasta aquí pueden ser consideradas exitosas, lo cual, tal como se intentó evidenciar en el presente artículo, también se refleja en la opinión pública y el apoyo hacia las mismas. De todas formas, hay que acentuar que la situación está lejos de asemejarse a los tiempos pre-pandémicos, sumando la incertidumbre de la posibilidad de una vuelta total a la convivencia practicada en esa época.

Desafiando la gobernabilidad, el COVID-19 pone a prueba a las instituciones y los relatos de los mandatarios. Si bien la imagen de Alberto Fernández crece, también aumenta la sensación de incertidumbre dentro de la sociedad. La fase cinco planea una nueva normalidad, pero… ¿volveremos algún día a la normalidad?

Nahir Casis politóloga / Robert Kranz politólogo

Consultora Politeia

FUENTE: www.politicadesantafe.com

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